Discapacidad visual en Puno: la dura batalla de Cirilo

Tras superar una compleja cirugía cerebral que le arrebató la vista, joven carabayino reaparece en Juliaca para agradecer la solidaridad ciudadana.
Afrontar la repentina discapacidad visual en Puno constituye una travesía de profunda resistencia humana, tal como lo demuestra el testimonio de Cirilo Huayta Molina, ciudadano de 27 años natural del sector de Azaroma, en el distrito de Ollachea, quien reapareció públicamente para sensibilizar sobre la prevención médica y la urgencia de empatía social.
El impacto de la discapacidad visual en Puno y el drama médico
El calvario de este joven altiplánico comenzó cuando un diagnóstico tardío reveló la presencia de una formación tumoral intracraneal en etapa avanzada. Frente a este panorama crítico, Huayta Molina fue sometido a una intervención quirúrgica de alta complejidad en la ciudad de Arequipa. Si bien la operación logró salvarle la vida al extirpar la masa anormal, la secuela resultó devastadora e irreversible: el daño en las vías ópticas le provocó una ceguera total. Lejos de rendirse de inmediato, el paciente y sus allegados buscaron alternativas terapéuticas en la región del Cusco durante un trimestre continuo; no obstante, los especialistas confirmaron que el cuadro neurológico no permitía recuperar la vista.
Esta dolorosa transición transformó por completo su cotidianidad y entorno sociofamiliar. En un primer momento, el golpe psicológico desencadenó un confinamiento prolongado de casi tres años en su vivienda rural. A la pérdida de la autonomía física se sumó la fractura sentimental tras la ruptura con su pareja sentimental de entonces, dejándolo sumido en una profunda depresión. El caso, difundido inicialmente a través de una cobertura de Diario Correo Puno, desnudó las severas brechas que atraviesan los habitantes de comunidades altoandinas para acceder a diagnósticos oportunos en neurología.
Resiliencia cotidiana ante la falta de visión
Pese a la crudeza de las circunstancias, Cirilo ha ido reconstruyendo su proyecto vital gracias al amparo incondicional de sus progenitores, quienes han fungido como su principal soporte logístico y moral en las alturas de Carabaya. Asimismo, la difusión de su testimonio facilitó el acercamiento de agrupaciones de personas que conviven con similares limitaciones sensoriales. Estos colectivos le tendieron una mano fraterna, brindándole pautas esenciales para la orientación y movilidad en el espacio público.
Coincidiendo con las conmemoraciones alusivas al Bastón Blanco, el carabayino se trasladó hacia la ciudad de Juliaca no para reclamar favores asistencialistas vacíos, sino para agradecer la generosidad de aquellos ciudadanos anónimos que financiaron parte de sus pasajes e internamientos clínicos preliminares. En este periplo urbano, reivindicó al bastón ergonómico como una extensión indispensable de su anatomía, definiéndolo como la herramienta técnica que hoy reemplaza a sus ojos y le devuelve la confianza para transitar por arterias atestadas de obstáculos y carentes de accesibilidad universal.
Un llamado a la juventud y canales de solidaridad
Desde la madurez forzada por la adversidad, Cirilo Huayta dirigió un mensaje contundente a las nuevas generaciones: prestar atención inmediata a cualquier malestar físico recurrente, como cefaleas intensas o mareos persistentes, evitando normalizar síntomas que podrían esconder afecciones graves. La resignación madura con la que asume su condición actual se resume en una convicción de seguir respirando con dignidad, pese al dolor del cambio.
No obstante el encomiable esfuerzo de reintegración, las dificultades materiales persisten de forma aguda. La falta de oportunidades laborales inclusivas para ciudadanos con discapacidad visual en Puno agrava la subsistencia de familias que viven en condiciones de extrema pobreza. Para cubrir requerimientos de subsistencia elemental, alimentación adaptada y consultas de control, el joven mantiene abierta una cuenta solidaria mediante la plataforma digital Yape al número telefónico 932-865-221. Cualquier colaboración voluntaria servirá para mitigar el desamparo de un ciudadano que aprendió a desafiar la penumbra con valentía.
Casos como el de Huayta Molina evidencian la urgencia de que los gobiernos locales y regionales implementen políticas públicas reales orientadas a la inclusión sociolaboral y a la adaptación urbanística, garantizando que ninguna persona quede marginada tras perder el sentido de la visión.



