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martes, 30 de octubre de 2007 |
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Por: Roberto More Chavez
El presidente Alan García Pérez visitó el sur del país la semana pasada. Puno e Ilo fueron los lugares elegidos por el mandatario para intentar una reconciliación con las provincias del país después del bajón que ha sufrido en las encuestas. En la capital del altiplano realizó un Consejo de Ministros que contó con la presencia de las autoridades locales mientras que en el puerto moqueguano alabó la inversión minera de la Southern Peru.
El presidente nuevamente volvió a su lenguaje confrontacional. En Puno hizo un comentario sarcástico sobre el ALBA ignorando que en esa región, son varios los pobladores que se han beneficiado de su bondades tal vez por la incapacidad estatal de abarcar a todos los sectores sociales, sobre todo los que no cuentan con los mayores recursos económicos.
En Ilo mientras tanto, elogió la inauguración de la nueva planta de la
mexicana Southern Peru haciendo hincapié en la bienvenida que tendrán
las inversiones que respeten el medio ambiente y los derechos
laborales. Paradójicamente, el presidente olvidó que los trabajadores
de esa minera estuvieron en huelga hace tan sólo 15 días y entre las
cosas que reclamaron está la violación de algunos de sus derechos
laborales básicos como el derecho a las 8 horas diarias.
Si el presidente cree que este lenguaje conseguirá el amiste que hasta
hoy le da la espalda con las provincias del país, está equivocado. A
pesar que los años dan sabiduría a través de la experiencia, la
humildad no parece ser la virtud más desarrollada por nuestro
mandatario. Sólo así puede explicarse que no logre entender que la
población le pide más identificación con sus necesidades y no con los
grupos empresariales.
No podemos negar que las inversiones son necesarias en el país. Sin
inversiones no hay empleo y asumir la política de aislamiento de su
primer gobierno hubiera sido suicida. Pero, atraerlas no significa
darle la cabeza de los trabajadores en bandeja de plata al
empresariado, eso es simplemente repetir el salvaje modelo económico de
Fujimori y que de forma tan inconsecuente continuó Toledo. Hay que
buscar imponer las mismas condiciones que todas estas transnacionales
cumplen en los países desarrollados, el respeto a la masa laboral debe
ser la lucha de gobiernos que anhelen un país digno para todos.
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