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A sólo una semana de celebrarse el Día Mundial de la Salud Mental, la ola de suicidios continúa incrementándose en la ciudad de Puno, hecho que ha preocupado a los profesionales en la psicología, por ello vienen elaborando una serie de estrategias para reducir el índice de mortandad. El responsable del área de la Dirección Regional de Salud (Diresa), Reynaldo Luna Paredes, reveló que hasta la fecha este año se registraron más de 500 suicidios en toda la región altiplánica, lo que significa un incremento del 30% con relación al 2006.
Al abordar esta problemática, vuelve a mi memoria la pregunta tantas veces planteada: ¿es nuestra sociedad moralmente mejor o peor que la de nuestros padres, abuelos, bisabuelos?.
El interés con que se plantea esta interrogante es sin lugar a duda indicador de que todos nos sentimos involucrados en la vida de la sociedad de la que formamos parte; y que somos corresponsables de la suerte de la misma.
Explicó que la causa principal es por problemas sentimentales, que conllevan a una depresión y eso por falta de autoestima.
“Es un problema grave por el que estamos pasando, la sociedad no logra comprender la importancia que tiene la vida, es por ello que requerimos de la ayuda de las autoridades para frenar la mortandad” refiere el psiquiatra, luego de celebrar este 10 de octubre el Día de la Salud Mental, bajo el lema “Sin Salud mental no hay vida”.
El especialista indicó que las cifras son alarmantes y ello debería ser motivo de reflexión en los padres de familia y principalmente en los jóvenes que toman la fatal decisión, como consecuencia de la depresión que se convierte en una enfermedad y la depresión ataca a más del 60% de la población. Agregó que sólo en San Román se registraron 32 suicidios, seguido de Puno con 3, Huancané 2 e Ilave 1 respectivamente, en los últimos meses, sobre todo en adolescentes.
Pero, el suicida, ¿quiere realmente morir?
Se dan algunas teorías: Más que morir, quiere castigar, percibe al
mundo como hostil y considera que su desaparición va a constituirse en
una carga para el agresor, "va a sufrir por mi muerte" (mujer que es
agredida por su esposo, amante que se sabe traicionado).
El deseo no es morir, opta por un comportamiento autoagresivo con el
afán de comunicar su angustia, su miedo ante un conflicto que no sabe
cómo evitar, busca una ganancia secundaria, un acercamiento a la
comprensión o al perdón (pérdida del año, embarazo).
Los suicidólogos contemporáneos, avalan las fantasías de los suicidas
en torno a lo que creen les podría ocurrir o cuáles fueran las
consecuencias: tales fantasías incluyen deseo de venganza, poder,
control o castigo; para expiación de una culpa, sacrificio o
reparación; para escapar o dormir; para salvarse, renacer, reunirse con
la muerte o una nueva vida.
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