La organización separatista vasca ETA (Euskadi Ta Askatasuna, Libertad para el Pueblo Vasco), que desde 1968 carga en su macabra mochila de guerra más de cuarenta años de continua perpetración de actos terroristas, anunció recientemente el cese de sus actividades armadas en España. La noticia dio la vuelta al mundo, sin embargo, la declaración del grupo terrorista vasco abre más interrogantes que respuestas.

Nacida en la segunda mitad del siglo XX, en pleno apogeo del nuevo fenómeno conocido como guerra no convencional, insurgente, irregular, revolucionaria o subversiva, que caracterizó a las relaciones internacionales y conflictos de ese período, ETA se incuba en el marco de las nuevas doctrinas contra-insurgentes como la inglesa en Malasia contra el Partido Comunista; la francesa en Argelia contra el Frente de Liberación Nacional (FLN); o la italiana contra las Brigadas Rojas. ETA fue ante todo un terrorismo puntual, de corte nacionalista, independentista y separatista, antes que un proyecto de alcance internacionalista de Guerra Fría o global de post-Guerra Fría. Sin embargo, ETA estrecharía lazos con entidades similares de corte nacionalista en otras partes del mundo como el IRA (Irish Republican Army), el FLB (Front de Liberation de Bretagne), y el FLNC (Fronte di Liberazione Naziunale Corsu). Asimismo, a inicios de los años noventa, en una nueva faceta de expansión iberoamericana, ETA habría mantenido contacto con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), a la que le habría otorgado asesoría en materia de procedimientos terroristas para realizar atentados.

ETA a lo largo de su historia, mantuvo un modus operandi con diversos métodos de acción: la selectividad puntual de sus atentados combinados con la estridencia de la acción violenta a mayor escala. Fue la prioritaria y sempiterna preocupación de las organizaciones de inteligencia españolas franquistas y pos-franquistas democráticas de los últimos 40 años: el SECED, el CESID, y el CNI, las que en no pocas oportunidades se moldearon y concentraron únicamente en esta compleja amenaza.

Han corrido en estos últimos años ríos de tinta y papel impreso en torno al análisis y la explicación acerca del fenómeno del terrorismo “viejo” o tradicional, y del denominado terrorismo “nuevo” de alcance global, especialmente luego de los cruentos atentados en Nueva York del 11S del 2001, siendo algunos estudios los que asumen la idea que ETA, junto al IRA, parecen ser grupos terroristas de segundo escalón, que finalmente renuncian a la violencia como método de lucha política, en un peculiar contexto internacional y regional en que se perfila un polémico debate sobre el espinoso y sensible tema de las posibles reinserciones políticas, en modo de constitución de partidos, de grupos alzados en armas y organizaciones terroristas que ofrecen treguas a la vida democrática y civilizada en estado de derecho de los Estados.

En este sentido, resulta interesante observar la postura escéptica y preventiva de los Estados Unidos de América en cuanto a no retirar de su lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado a ETA, hasta no evaluar y contrastar minuciosamente los alcances que en la práctica tendrá esta decisión de abandono de la lucha armada. En consecuencia, no basta la declaratoria de ETA.

Solo en los próximos meses se podrá tener mayor claridad sobre el accionar y perspectivas futuras de ETA, y a partir de ahí el gobierno y la sociedad españolas podrán abrir un espacio de reflexión que permita tomar decisiones seguras y razonables sobre esta organización terrorista.

Con anterioridad, otras organizaciones más o menos similares fueron diezmadas, como las italianas Brigadas Rojas o el Baader – Meinhof (o facción del ejército rojo alemán).

Diario Los Andes, Puno – Perú