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Por: Ruben A. Mamani Castillo Todo parecía que el pedido de extradición del ex presidente prófugo del Perú, Ing. Alberto Fujimori no iba a prosperar; pero esta vez la historia nos dio nuevamente una lección de vida que pocos imaginaban. Era como un sueño hecho realidad. La fiscal de la Corte suprema de Chile, Mónica Maldonado, finalmente aprobó dicha extradición en un fallo de 55 páginas con 12 cargos imputados en su contra. Los delitos por lo que se le entrega a la justicia peruana están relacionados con la corrupción y violación a los derechos humanos en el periodo de su gobierno. Todo comenzó cuando en una sesión del parlamento, el congresista y líder del partido Frente Independiente Moralizador, Fernando Olivera, mostraba a todo el país un video donde se apreciaba al ex asesor presidencial, Vladimiro Montesinos, comprando la línea editorial de una medio de comunicación televisivo a nivel nacional. Los dólares circulaban de su mano en paquetes bien fajados como para mostrar que realmente se trataba de fuerte cantidades de dinero. A partir de ese entonces, el Perú entero quedó totalmente convencido de lo que hace algunos años atrás venían especulando muchos periodistas que fueron perseguidos, incluso hasta la muerte.
La madeja comenzó a desatarse poco a poco, ya que ha medida que pasaba el tiempo seguían saliendo más videos comprometedores. Funcionarios, empresarios, directores de medios de comunicación hacían su pasarela por la oficina del “doc” ubicada en el local del Servicio de Inteligencia Nacional en Lima Perú. Como era de suponerse, el entonces presidente del Perú, Alberto Fujimori emprendió un viaje sorpresivo al exterior, de cual nunca más volvió. Vladimiro Montesinos también huyó del país, y es en ese entonces cuando los peruanos indignados hasta el cien, perdían la espe-ranza de justicia para estos dos “señorcitos”. Pero finalmente llegó el día. Había indicios del paradero de Vladimiro Montesinos, algunos especulaban que se había hecho un cambio de personalidad, de apariencia, y que radicaba en Venezuela. Era toda una película que nunca Hollywood pudo montar; un país desesperado buscando a sus principales gobernantes. Para ser más exacto, el 23 de junio del 2001, es arrestado el ex asesor presidencial, Vladimiro Montesinos Torres, en Venezuela, desde donde lo extraditan rápidamente al Perú. Era una fiesta nacional la que se vivía, un pueblo con sed de justicia comenzaba a encontrar una luz al final del túnel. Pero aún quedaba otra piedra en el zapato. Faltaba capturar y traer al Perú al ex presidente Fujimori, el principal responsable intelectual de toda la corrupción y violación a los derechos humanos ocurridos durante sus dos periodos de gobierno. Mientras la justicia peruana hacia pedidos y hasta súplicas al gobierno de Japón para lograr su extradición; este participaba muy activamente en asuntos políticos de su país. Sin embargo, contra todo pronóstico, nadie imaginaba que aún estaba en sus planes regresar al Perú y más aún participar nuevamente en las elecciones presidenciales. Sin duda, un suceso de ripley. Su acercamiento era inminente. El domingo 6 de noviembre del 2005 arribó sorpresivamente al aeropuerto de Santiago de Chile, en un avión privado que hizo escala en México. Su intención era clara: participar en las elecciones presidenciales del 9 de abril del 2006. Sin embargo, tras el pedido de la justicia peruana, la policía de Chile lo detuvo y lo puso bajo arresto en la escuela de Gendarmería. Poco tiempo después obtuvo la libertad condicional, alojándose en costosos departamentos pagados por su segunda esposa Satomi Kataoka. Por ese lapso, la justicia peruana nunca se cansó de solicitar una y otra vez su extradición. Es así que el pasado 21 de setiembre del 2007, la Segunda Sala Penal del Máximo Tribunal Chileno revocó el fallo del juez Orlando Álvarez en primera instancia dictado el pasado 11 de julio. Sus principales acusaciones están relacionadas a actos de corrupción y violación a los derechos humanos. Hoy por hoy, Fujimori ha vuelto casa y no necesariamente por la puerta grande, sino para afrontar la larga lista de acusaciones hechas en su contra. La historia se encargará de lo demás y a nosotros nos toca ser testigos de ello. |